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Doñana sin aliento: La última batalla de la Dama verde

Doñana ya no tiene lágrimas que derramar. La dama verde llora por una biodiversidad que la abandona, mientras se mantiene en vilo ante la amenaza de la nueva "Ley de Regadíos" llevada a cabo por PP y Vox, además de ser acechada por una depredadora silenciosa, la sequía, afectando a 10.340 hectáreas. Los casi 2000 pozos ilegales localizados desde 2018 drenan sus entrañas, poniendo en jaque a un parque que agota sus últimos suspiros.


Imagen proporcionada por Juan Romero, "Ecologistas en Acción"


Doñana, tema recurrente dentro de la actualidad informativa, a la par que polémico. Una parrilla ardiente que salpica a más de uno, dejando en las brasas a aquellos que tienen en su punto de mira las codiciadas aguas del parque. Sin prestar atención a las visibles orejas del lobo que encarna la Unión Europea, que amenaza con sanciones económicas tras el persistente incumplimiento, por parte de la Junta, del plan para la protección de los acuíferos establecido hace 10 años.


Juan Manuel Salas, biólogo de formación que trabaja en la Agencia de Medioambiente y Aguas de Andalucía nos habla sobre el estado del ecosistema de Doñana, recalcando la situación crítica que sufre el parque. Una grave situación que también afecta a las grandes ciudades es la sequía global provocada por el calentamiento climático y el mal manejo del agua, lo que ha generado restricciones indispensables y ha llevado a un punto irreversible.


Los procesos naturales dependen de la lluvia, acuífero recargado con la lluvia, perdida en las fronteras del mar, como es el caso de Doñana. “Está claro que para poder soportar esta situación ahora mismo, no tiene sentido legalizar más regadíos”, asegura Salas. En un intento por la preservación de este agonizante parque, el Ministerio de Transición Ecológica ya ha avisado de la gravedad de esta situación, que posiblemente llegará a un punto de no retorno, para desgracia de la humanidad. En cuanto a organismos internacionales, tanto la UNESCO, como la Unión Europea ya han lanzado sus bengalas de auxilio, defendiendo a capa y espada que Doñana es reserva de la biosfera y es necesaria su protección inmediata, sin embargo, si nadie cree que viene el lobo, nadie se moverá.


Juan Manuel Salas, biólogo de formación que trabaja en la Agencia de Medioambiente y Aguas de Andalucía.


Juanma cree que ha habido una serie de errores por parte de gestores que han llevado a la situación actual, pues hay muchas extracciones de cultivo que han ido creciendo en estos últimos años y que no están reguladas, ni se pueden regular.



En cuanto a las causas principales de la sequía del parque, tendríamos el cambio climático y los cultivos de regadío, sin embargo, a la hora de poner en balanza que ha causado más daño al parque, Juanma se muestra indeciso, asegura que no sabría decantarse. La gran incógnita es si se puede revertir el daño causado, Salas no tiene muy buena previsión, pues los procesos naturales llevan su tiempo.


En 2014, la Junta aprobó con un amplio consenso el decreto del “Plan Especial de Ordenación de Zonas de Regadíos”, que afecta a 9.300 hectáreas en las que se cultivan frutos rojos, que supone un sector de gran potencia económica en la provincia de Huelva y se estima que unas 1.400 hectáreas de cultivo quedaron fuera de ese plan. El motivo de la exclusión de ciertas zonas es la propia supervivencia del acuífero, de haberse regularizado todas las hectáreas, ya no quedaría agua. Es interesante, como señala Salas, cuestionar el modelo de cultivo de regadío, ya que, aunque ofrece beneficios y alta productividad, la región mediterránea, por su naturaleza seca y cálida, no es el lugar más adecuado para este tipo de cultivo.


La propuesta de ley presentada por PP y VOX trató de regularizar todos los cultivos que ahora mismo no están legalizados, suponiendo una trampa mortal para Doñana, dejándola seca en tan solo un par de años. 


¿Por qué no se utiliza agua superficial para el riego? Juanma aclara esta duda, destacando que no se trata solo de un problema de cantidad, sino también de calidad. Si se trae agua de otros lugares, esta debe ser de buena calidad, ya que si transporta contaminantes de los cultivos, estos acabarán en el acuífero, afectando áreas más vulnerables. Por lo tanto, esta opción no resolvería el problema. 

Imagen proporcionada por Juan Romero, "Ecologistas en Acción"


El Gobierno, los políticos y los gestores no logran comprender a los científicos cuando advierten que las medidas de gestión adoptadas a corto plazo tendrán graves consecuencias. Por ello, Salas considera que tienen una visión distorsionada que les impide ver los efectos que sus decisiones causarán a medio y largo plazo. Los políticos buscan oportunidades, y Doñana está bajo el foco de atención, por lo que son cautelosos a la hora de implementar una ley tan controvertida como esta, “Como ciudadano, soy sensible, conozco muy bien Doñana y siempre ha estado sometido a mucha presión. Por eso, que los políticos aprovechen  determinadas circunstancias para gestionarla, no me parece serio”, se sincera Juanma. Además del Gobierno, sería crucial incluir en la mesa de debate a agricultores, comisiones científicas, gestores y otros implicados, para asegurar que todas las partes tengan una visión clara y equilibrada. Es fundamental interpretar los hechos científicos, que son indiscutibles, para que, con base en ello, los políticos puedan desarrollar estrategias y planes adecuados.


La Junta de Andalucía, en un intento de mejorar la situación, anunció la compra de 7.500 hectáreas al sur de la reserva para hospedar a miles de aves que cada año visitan la marisma, además de llegar a un acuerdo con el Ministerio para la Transición Ecológica, un plan social de 350.000.000 de euros. Este tipo de iniciativas está bien, pero sin embargo no es una solución a medio ni a largo plazo, ni van dirigidas a la raíz del problema, que son los regadíos. 


La Unión Europea condenó a España en 2021 por el incumplimiento de tres artículos de la directiva del agua 2000, y ahora se contempla incluso la posibilidad de multas diarias si la situación persiste. En cuanto a los agricultores, ya han recibido 49 condenas desde 2007 por la construcción de pozos ilegales y la conversión no autorizada de fincas en cultivos de regadío. ¿Cuántas condenas más son necesarias para que dejen respirar al parque, que agoniza? Esa es la gran cuestión. Tal vez unas sanciones legales más severas podrían marcar el inicio de una solución.


Imagen proporcionada por Juan Romero, "Ecologistas en Acción"


Ecologistas en Acción, protesta y reivindicación


Juan Romero, valiente defensor de Ecologistas en Acción, lucha incansablemente por proteger el parque natural. Las presiones agrarias, urbanísticas y especulativas se ciernen como sombras amenazantes, mientras los ecosistemas sufren bajo la imprudente influencia del hombre. Este rey Midas moderno no convierte en oro lo que toca; más bien, destruye todo lo que encuentra en su camino. 


En el agitado escenario del mundo actual, donde los desafíos ambientales crecen como enredaderas implacables, emerge la figura esencial de “Ecologistas en Acción”. Esta red de luchadores ecológicos, que resurge como un fénix en España, ha construido su identidad desde 1998, convirtiéndose en una fuerza clave en la defensa de la sostenibilidad y la protección de los ecosistemas. Nacida de la colaboración de diversas organizaciones y grupos ecologistas, su unión ha potenciado la capacidad de la organización para enfrentar con firmeza los ataques medioambientales que amenazan a la sociedad, como es el caso de la vulnerable Doñana.  

Imagen proporcionada por Juan Romero, "Ecologistas en Acción"


En el corazón de la organización, Juan Romero se alza como una figura de gran calibre, tejiendo su papel como la conexión vital con el órgano de representación y la voz distintiva de la plataforma. Su vida entera ha sido una epopeya dedicada a blindar la comarca contra las presiones que acechan el santuario natural. 


En esta batalla contra el impulso humano de la autodestrucción, Romero se destaca como uno de los protagonistas más relevantes y de mayor impacto. Un acuerdo legal actúa como la chispa que enciende las tensiones entre agricultores y ecologistas, a la vez que pone en jaque el frágil equilibrio que mantiene viva a Doñana.




Entre las provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla se extiende el más colosal tapiz acuático de Europa, un santuario húmedo que abarca más de 50.000 hectáreas. En este rincón resguardado, donde la magia se entrelaza con la naturaleza, especies en peligro de extinción como el esquivo lince ibérico o el majestuoso águila imperial hallan refugio. En su danza migratoria, miles de aves descansan en este vasto territorio, dejando bonitas postales de su largo viaje. No obstante, como sombras en la luz, amenazas  oscurecen el porvenir de este paraíso natural. La caza desmedida hiere sus fronteras, los atropellos dejan cicatrices en su tierra sagrada, y la falta de educación cívica contamina sus aguas con la ingente basura que desechamos sin miramientos. 


Las decisiones agrícolas, como capítulos equivocados de un cuento, han desencadenado un maleficio sobre la reserva y la supervivencia del humedal.  Las cuencas del río Guadiamar fueron desviadas, transformando marismas y humedales en campos agrícolas. Desde entonces, las aguas del río Guadalquivir y las mareas no se apresuran a inundar las marismas, obligándolas a depender únicamente de las lluvias.



Las balsas del Guadiamar, que una vez fueron destinadas al parque, yacen ahora inactivas durante los meses fríos, almacenando con avidez el agua para futuros cultivos estivales. Los pozos proliferan en cada finca, alimentando más de 100 balsas en las fronteras de las marismas. Agua gratuita fluye sin restricciones, un torrente sin contadores ni límites, una fuente sin guardián. 


El eco de la Sentencia 26/2010 de la Audiencia Provincial de Huelva, avalada por el Tribunal Supremo en la sentencia 54/12, resuena ominosamente. El acuífero de Doñana, calificado como sobreexplotado y en mal estado cualitativo, convierte esta problemática en una tragedia tangible, una herida abierta en el corazón de la tierra que clama por la sanción de ilegalidades. 


Inicialmente, la propuesta de ley presentada por los grupos parlamentarios de PP, Ciudadanos y Vox buscaba ampliar la zona de regadío y legalizar el uso del agua de los cultivos ilegales en la zona norte de Doñana. Esta propuesta fue aprobada por el Parlamento andaluz con los votos a favor de estos grupos y la abstención del PSOE. Como argumento, defendían que era necesario crear nuevas normas para favorecer el desarrollo de los agricultores. Si esta ley se hubiera implementado, se habrían incorporado más de 1.400 hectáreas de terreno regable adicionales, lo que probablemente habría sido el golpe final para la ya debilitada Doñana.

Imagen proporcionada por Juan Romero, "Ecologistas en Acción"


Afortunadamente, varios organismos se opusieron a esta posible ley. La Comisión Europea envió una carta al Gobierno expresando su preocupación por el impacto que esta norma tendría sobre la biodiversidad de Doñana. Tanto Hugo Morán, Secretario de Estado de Medio Ambiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, como Joaquín Páez, Presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, consideraron que la propuesta representaba una amenaza para la conservación del Parque Natural. Doñana se salvó, una vez más, por los pelos.


A pesar de los esfuerzos iniciales del Plan de la Fresa lanzado en 2016 para salvar el acuífero de Doñana, la Junta de Andalucía ha incumplido en gran medida las medidas prometidas para proteger este vital ecosistema. De las 62 acciones que se habían propuesto a corto plazo, solo el 23% se han ejecutado hasta ahora, dejando muchas otras en pausa o sin comenzar. WWF ha señalado la falta de avances significativos y la escasa voluntad política para abordar la crisis ambiental que afecta a la región.


El impacto de la agricultura intensiva, especialmente los regadíos ilegales, sigue siendo una de las principales amenazas para el acuífero de Doñana. Aunque el plan fue creado bajo un consenso previo, la administración actual ha sido criticada por sus intentos de legalizar estas prácticas insostenibles. Las organizaciones ecologistas insisten en la urgencia de implementar medidas más estrictas para erradicar los cultivos ilegales y restaurar los ecosistemas deteriorados. Sin acciones más contundentes, la salud del parque continúa en peligro, con riesgos crecientes de daños irreversibles a largo plazo.

Imagen proporcionada por Juan Romero, "Ecologistas en Acción"


El debate sobre el futuro del parque resuena en los pasillos políticos y en los corredores de la ciencia, exigiendo una solución que proteja tanto su riqueza natural como la subsistencia de las comunidades locales. La pregunta sigue siendo: ¿Encontrará Doñana un camino hacia un equilibrio sostenible antes de que sea demasiado tarde?







 
 
 

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