El mundo marino celebra su cumpleaños al ritmo del violín
- David Cordero Vázquez

- 2 oct 2024
- 4 min de lectura
Actualizado: 2 nov 2024
La tarde del 30 de septiembre de 2024, Sevilla se vistió de fiesta para celebrar los diez años de su emblemático Acuario. En el Paseo de Cristóbal Colón, junto a la imponente e impecable Torre del Oro, un evento titulado El ritmo del océano convocó a cientos de personas que, atraídas por el espectáculo, se sumaron a la celebración.

El ritmo del océano
Diez años han pasado desde que el Acuario de Sevilla abrió sus puertas, y la celebración no podía ser menos especial. Al igual que sus especies han crecido y se han multiplicado a lo largo de esta década, el público también ha sido parte de esa evolución. En este día, los asistentes fueron recibidos con la grata sorpresa de unos pequeños detalles en agradecimiento por su visita. Pero no solo dentro de las inmensidades del acuario se respiraba celebración. Quienes paseaban por las inmediaciones de la imponente Torre del Oro se encontraron con una colorida y musical sorpresa que transformó el paseo en una auténtica fiesta marina al aire libre.
Una calurosa tarde nos acompaña por las hermosas calles de Sevilla. El río permanecía levemente alterado por aquellas canoas y barcos que cruzaban una y otra vez por sus aguas, dejando ver una curiosa y bella postal, que sumada a un sol que levemente descendía, nos permitía observar un paisaje casi idílico.
Sin embargo, la postal náutica que contemplas mientras cruzas el conocido Puente de San Telmo no es lo que llama la atención de todo aquel que decidió dar un tranquilo paseo por la extensión peatonal que conecta ambos puentes.

El ritmo del océano
Varias figuras de aspecto caricaturesco y casi tropical aparecen por aquellas calles, al grito de “Chelo, corre, que nos perdemos el baile”. Inevitablemente, las miradas curiosas posan en estos peculiares vecinos, que decidieron escapar del cumpleañero acuario para ofrecer un espectáculo sin igual.
A aquel tiburón azul de gran torrente y a aquella tortuga de andares casi erráticos debido al disfraz de enormes dimensiones que poseía, se le sumaron una colorida medusa que descendía por las escaleras situadas junto a la conocida torre. Además, de un pez de semblante puntiagudo y un pez payaso al que los niños llamaban cariñosamente como “Nemo”.
Todos ellos invitaban a quienes se cruzaban en su camino a seguirlos hacia un destino común: un lugar lleno de música y diversión pensado especialmente para los más pequeños. Aquella plataforma en la que los banderines azules marcados por el logotipo del acuario de la ciudad y un carrito a pedales con un sonriente tiburón sosteniendo una tarta de cumpleaños, se fue llenando poco a poco de pequeños espectadores y de sus progenitores, esos que no perdieron el tiempo para sacar sus móviles y fotografiar lo ocurrido.

El ritmo del océano
Aquellos amigables amigos subacuáticos desfilaron juntos alegremente, mientras una amable presentadora les daba paso ordenadamente a sus divertidas representaciones, destacando indiscutiblemente las mascotas más populares del tanque más profundo de la península Ibérica: la tortuga de andar peculiar conocida como Chelo, y aquel azulado depredador conocido como Toro.
Tras esta leve presentación, el conocido “Flashmob” comenzó, acompañado por un electrónico compás de violín de la mano de Alejandro Ortega. Los peculiares animales danzaban al compás, reproduciendo una coordinada coreografía al ritmo de las palmadas de todos sus asistentes.
No tardo mucho, cuando estos acuáticos amigos se aproximaron a sus pequeños asistentes y a aquellos que ya no lo eran tantos. Entre risas, bailes y música de todo tipo, los más pequeños desplegaban una brillante sonrisa, una más que contagiosa en esos padres alegres que grababan con recelo cada momento del divertido encuentro.
Cuando los espectadores no esperaban una sorpresa más, Chelo y aquella alegre presentadora iniciaron una interminable conga en la que padres, hijos y cualquier especie, ya sea terrestre o subacuática, participaban.

El ritmo del océano
El sol continuó descendiendo, dejando una postal de lo más peculiar, y a su misma vez, enternecedora, donde, más allá de aquellos submarinos compañeros que llegaron para alegrar aquel fin de mes, la protagonista fue la música, pero, sobre todo, la felicidad y diversión de los más pequeños. Aquellos que bailaban y reían incasablemente, mientras las caricaturescas mascotas danzaban y jugaban con ellos.
Poco a poco, con la caída del sol, el evento fue llegando a su fin, al igual que el número de asistentes fue descendiendo poco a poco con la oscuridad que el atardecer iba creando consigo. La música electrónica festiva se fue alejando poco a poco, dando paso a un solo de violín por parte de Ortega, quien con extrema delicadeza tocaba la conocida canción que todos escuchamos durante nuestros cumpleaños.
Ese cumpleaños feliz interpretado con aquel sensible instrumento de cuerda dio fin al evento, siendo acompañado por un sonoro aplauso por parte de los asistentes, y algún que otro más por parte de quien iba paseando cerca del lugar del evento.

El ritmo del océano
Las criaturas marinas volvieron a su hogar, al igual que aquellos niños que disfrutaron alegremente de una tarde mágica y, por qué no decirlo, diferente, en el que el mundo marino se encuentra de celebración. Un mundo que Sevilla cuida y conserva con recelo con su acuario, uno que alberga especies desde el pacífico hasta su querido Guadalquivir, uno que dispone de más de 400 especies entre sus filas. Uno que celebra alegremente este orgullo de espacio para la diversidad, el disfrute y el conocimiento.




Comentarios