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Mercado de "El Jueves": entre lo sagrado y lo profano

Actualizado: 27 nov 2024




«Sevilla es una idiosincrasia, hay que vivirla para entenderla». Es posible que pocos resúmenes esclarezcan mejor la naturaleza hispalense para los de fuera, nuestro alcalde José Luis Sanz, lo intentó en su día con esta reveladora sentencia en la cadena SER, y razón no le faltaba.

Estampas religiosas en un puesto del mercado | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)
Estampas religiosas en un puesto del mercado | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)

Todo es extraordinario en Sevilla, y sus mercados no iban a ser menos. El bautizado Mercado del Jueves, o Mercado de la calle Feria, lleva haciéndose desde el siglo XIII, todos los jueves del año a excepción de uno: el Jueves Santo (como no podía ser de otra forma).

El mercado abre de 8:30 a 14:00, aunque, si se apura, podemos perder muchos de los tesoros que nos aguardan, ya que a medida que se desarrolla la mañana, el bullicio aumenta de forma agobiante.


Mercado de "El Jueves" a su inicio en la calle Feria | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)
Mercado de "El Jueves" a su inicio en la calle Feria | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)

La ruta comienza con el principio de la calle Feria con Correduría, donde, en esos primeros puestos, podemos encontrar CD de música castiza, abrigos de todo tipo, fotografías anónimas perdidas o figuras de porcelana (mutiladas).



Pero entre todos, destaca un puesto de telas llevado por una mujer de mediana edad, donde se arremolinan un grupo de señoras buscando con ansias las mejores telas. “Estas de la derecha las vendo a cuatro euros el metro” … “Te doy tres euros, hazme una 'rebajita' que mi sobrina lleva ya muchas”. El regateo es la moneda de cambio en el mercado, donde pocas veces puedes ver precios marcados o carteles informativos, quizás parte de su esencia reside ahí. Los tres axiomas de la cultura sevillana se ven reflejados en casi todos los puestos: la fe, la Expo 92, y la loza trianera.



Todo se organiza en las mesas sin ningún tipo de sentido, sin duda haría temblar a cualquier experto en visual merchandising. En pocos mercados del mundo están expuestos y a la venta Barbie, Ken, La Virgen del Rocío, Jesucristo crucificado y Nancy. Uno al lado del otro, donde es posible, fe aparte, que todos guarden en común ser una simple talla de cerámica o plástico donde dependiendo de la edad, vivimos y esperamos a través de ellas.


Muñecas y símbolos religiosos conviven a la venta | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)
Muñecas y símbolos religiosos conviven a la venta | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)

Unos metros más adelante llama mi atención un violín sobre un estuche verde. Frente a él, un señor mayor que se encuentra en una acalorada discusión con quien lo vende en torno al precio. “¿Me quieres cobrar ciento cincuenta euros por esta mierda?”, se queja el comprador. “Yo no vendo mierdas, y si te lo parece, no te las quieras llevar y vete a otro puesto”, sentencia. El precio de todo es discutible, pero no podemos olvidar aun así las buenas formas en todo momento. Estar de cara al público te curte en las mejores respuestas a los peores comentarios.

Violín a la venta en uno de los puestos | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)
Violín a la venta en uno de los puestos | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)

El recorrido avanza y casi llegando al final de la calle, caes en la cuenta del batiburrillo tan extraño que se ha generado, tanto de visitantes como de productos a la venta. Los turistas extranjeros cada vez son más numerosos, quizás alguien más ya ha hecho una guía sobre este lugar recomendando su visita encarecidamente. Grupos de ingleses rubios y de piel pálida recorren sus calles fotografiando todo, fundiéndose entre las masas de gente con el sevillano tradicional, que este sí, hace pequeñas pausas al recorrido tomando una cerveza en las mesas altas de los bares que se encuentran hoy en segunda línea de calle. Resultaría curioso saber qué contaran al llegar a casa estos turistas sobre las decenas de manos de vírgenes que copan las mesas, o qué significa un tricornio de Guardia Civil sobre una calavera.


Calavera con tricornio vista en el Mercado | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)
Calavera con tricornio vista en el Mercado | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)

A decir verdad, para los que vivimos aquí también sería difícil explicar la sorna y gracia con las que se hacen las cosas aquí. A veces, no hay una razón aparente o de peso, ni una forma única de entender la vida. Sin duda esta visita deja a su final una pequeña reflexión sobre el sitio, El Jueves va mucho más allá de un simple intercambio comercial, es una espacio donde Sevilla se muestra sin filtros ni complejos, donde conviven el pasado y el presente, lo sagrado y lo profano. Es testigo vivo de la historia de esta ciudad y la mejor manera de conocerla es vivirla, aunque quizás nunca llegues del todo a comprenderla, razón de ello son sus más de nueve siglos de antigüedad, y por qué cada jueves sigue estando a rebosar de gente. Un espacio donde el pasado y lo efímero se encuentran cada semana.







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