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8 gambas de menos

Puesto de pescadería en el Mercado de Abastos de Triana (Sevilla) | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)
Puesto de pescadería en el Mercado de Abastos de Triana (Sevilla) | Fuente: Manuel J. Fernández (Shock Ciety)

COLUMNA | Por Manuel J. Fernández


Como cada diciembre, las calles de Sevilla se visten de gala con pomposas luces, espectáculos navideños, enorme árboles en cada rincón, y comercios abarrotados. Todo parece ser igual que siempre, la navidad ya está aquí, se nota en el ambiente, aunque, sobre todo, se nota en nuestra cartera.

Según un estudio de la OCU, este año el acopio para la maratón culinaria de estas fechas nos costará un 55% más que otros años. Porcentualmente quizás sea difícil cuantificar el daño, pero recorte vendría a ser como si tocáramos a ocho gambas, una botella de vino, una tableta de turrón, y 250 gramos de jamón menos que esté año nos quedaremos sin probar. A pesar de todo, y coincidiendo con unas fechas muy litúrgico, tenemos que seguir confiando en la buena dirección hacia la que vamos, como anunció nuestro presidente Pedro Sánchez hace algunos meses. Sea como fuere, ya sea con un acto de fe, o un resignado voto de pobreza, son las navidades que nos tocan vivir.

Este año, con la inflación como invitada especial, la frase que se une a las felicitaciones típicas de “felices fiestas” – habituales en todos los mercados de abastos estos días- se le suma una nueva: “qué barbaridad, cómo está todo de caro”. A esas decenas de amas de casa razón no les falta, y en la mayoría de los casos saben mucho más de economía familiar que ningún ministro, ningún marcador macroeconómico apostando por una buena dirección puede cuestionar a esa matriarca que algo no va bien.

La era tecnológica ha llegado a todos y cada uno de los rincones, causa o fin de la globalización. Es un alivio poder salir a hacer la compra sin cartera, es raro encontrar algún negocio que no acepte tarjetas como método de pago, y con el panorama actual, quizás se abra un nuevo abanico de posibilidades como poder pagar la compra del super en efectivo, con tarjeta bancaria, o en doce cómodas cuotas de financiación.


Ironías aparte, no es cuestión de señalar a un culpable y demonizarlo, muy probablemente no lo haya, o quizás los hay y son varios. La cuestión es el descontento y hartazgo actual de la población, en especial de los jóvenes que sí trabajan y sí estudian, a los que se les ha negado acceder a una vivienda, y a quienes se les intenta convencer de que estamos en una buena dirección. Una dirección que lleva algún tiempo perdida por parte de nuestro gobierno, donde nos encontramos en 2025 sin PGE, con varios escándalos de malversación, y sin consenso de ninguna de las Leyes Orgánicas que están encima de la mesa. Quizás es hora de recalcular la dirección en el GPS político por si estamos yendo hacia una calle sin salida, sin asfaltar, y con aparcamiento en Zona Azul. Aquella frase pronunciada por Juanma Moreno en el Parlamento de Andalucía toma hoy más sentido que nunca: “qué fácil es quejarse, y qué difícil es repartir trigo”. Probablemente llevase razón, pero cuando en el reparto entran gambas de Huelva o jamón de bellota; no hay excusa que valga.

Lo importante, como siempre, será brindar por la salud, porque si algo nos ha enseñado esta Navidad inflacionaria, es que ser felices sigue siendo gratis... de momento.


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