Joker: Folie á deux y su comedia contra corriente
- David Cordero Vázquez

- 10 oct 2024
- 5 min de lectura
Actualizado: 17 dic 2024
Tras una primera entrega en la que Arthur Fleck, interpretado por un hipnótico Joaquín Phoenix, sucumbe a la locura y se convierte en una figura anárquica bajo el yugo de los abusos de poder, nos encontramos con una secuela con un tinte más pausado y, por qué no decirlo, polémico, en la que veremos cómo esta trágica representación del payaso se sumerge en lo musical de la mano de una de las estrellas pop del momento.

Universal Pictures
Todd Philips vuelve a tomar las riendas de la dirección con esta secuencia judicial en la que la música ya no es un mero acompañante como en aquel primer vistazo del personaje en 2019. Quizás, no de forma que habríamos imaginado, pero es inevitable destacar la gran cinematografía que se despliega en aquellos pasillos y corredores oscuros, en aquellas salas donde el estrado busca dar sentencia o en aquellas míticas escaleras donde el personaje se volvió en un nuevo icono de la cultura popular. Todo esto, envuelto con maestría en unos números musicales que, aunque estrafalarios, se erigen como una interpretación excéntrica de la locura. Lady Gaga, como en sus escenarios, es envolvente, y Phoenix vuelve a ser tan entregado, demostrando no solo su capacidad actoral, sino también vocal, donde las secuencias musicales se alzan como pequeñas joyas dentro de este complicado y polivalente mosaico cinematográfico.
No obstante, no es oro todo lo que reluce. Las primeras proyecciones del filme revelaron un problema recurrente en la industria actual: el infame corte final, que a menudo deja fuera algunas de las escenas más destacables vistas en los adelantos. Tristemente, Lady Gaga es una nueva víctima de este fenómeno. A pesar de su presencia prominente en aquellos carteles promocionales que decoraban las ciudades, su protagonismo se ve reducido, tal vez intencionadamente, rememorando a aquella 'Harley Quinn' a la sombra del 'Príncipe Payaso del Crimen', muy alejada de la protagónica versión suicida de Margot Robbie. Al menos, eso quiero creer.
A pesar de su limitado tiempo en pantalla, Gaga no deja indiferente a absolutamente nadie. Su personaje se presenta como principal reclamo de esta segunda entrega, ofreciendo una figura calculadora y, por qué no decirlo, manipuladora. Aunque, siempre, permitiendo a Phoenix brillar en esos momentos en los que el color desenfrenado de la película inunda la pantalla, resultando imposible apartar la mirada de esta peculiar 'Lee'.

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EL PESO DEL MUSICAL
Las críticas no han tardado en surgir, destacando con fervor lo desconcertante que resulta el contraste entre este nuevo enfoque musical y el tono oscuro, sucio y sombrío que tan bien definió el filme de 2019. Sin embargo, y nadando a contracorriente, este aporta una nueva vertiente del personaje que aún no habíamos explorado.
¿Qué es aquello que Arthur llega a percibir en su estrambótica mente? 'El Joker' nunca se ha desvinculado totalmente de la música. Desde sus primeras apariciones en aquellas series de época en las que el payaso pedía a gritos un desarrollo más amplio de su psique, la música y la teatralidad siempre lo ha acompañado hasta el presente. Entonces, ¿qué tiene de diferente en esta ocasión? Siendo consciente de que esta entrega no es ni mucho menos un material perfecto, los números musicales se sienten, en su gran mayoría, bien integrados en la trama. Mucho mejor que aquellos momentos en los que Arthur se limita a reír descontroladamente, síntoma de un trastorno muy presente en su primera entrega, pero que, en esta, va y viene, desapareciendo como si de un simple hipo se tratara.

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EXPLORANDO LA PSIQUE DE LA COMEDIA
Sin duda, el mayor logro de Philips sigue siendo la profunda exploración interna de un personaje atrapado en la desgracia más absoluta, siendo relegado un hombre que parece no tener derecho a la redención. Arthur es una figura miserable, sin medios ni posibilidades para escalar algún misero peldaño en su triste vida, condenado a un destino trágico.
En Joker (2019), fuimos testigos de la lenta transformación de Arthur en una figura anárquica involuntaria. Fleck no es más que un pobre niño castigado por fuerzas superiores, con una gran imaginación para evadir lo perverso que ocurre a su alrededor, pero ignorado por una sociedad que margina al enfermo, y por un público que se niega a ver más allá del personaje de un cómic.
En 'Joker Folie à Deux' (2024), Philips retoma esta misma base, jugando con los clichés comunes en las historias de villanos que toman el rol protagonista, destacando sus puntos más bajos como figuras antagónicas. Este payaso no es diferente, aunque Folie à Deux se permite el lujo de profundizar más en su compleja psique, entrelazando amores carcelarios y abusos en su oscura narrativa.

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Sin embargo, no todo son elogios para este filme que tanto he disfrutado. Philips teje esta colorida historia como un ovillo de lana enredado, que, en lugar de formar una trama perfecta, a veces se dispersa, dejando nudos sueltos y esparcidos por el suelo. Sin duda, la duración de esta es uno de sus grandes lastres, alargando la experiencia hasta el punto de que, por momentos, resulta difícil mantener la expectación, e incluso inevitable soltar algún que otro bostezo en ciertas escenas.
Porque, si se le puede reprochar algo a 'Folie à Deux', es su excesiva dependencia de una primera entrega, aclamada por la crítica y por la legión de seguidores que mantenían las horcas y antorchas encendidas desde un primer momento. Es comprensible que, en un enfoque judicial como el que se plantea, los fantasmas del pasado resurjan una y otra vez, pero Philips recurre a este mecanismo de manera reiterada, dejando y desperdiciando oportunidades para explorar nuevas perspectivas, como aquellos testimonios de personajes que acompañaron los inicios desbordados de Arthur. Al final, uno se pregunta si no habría sido mejor emplear ese valioso tiempo en revisitar su primera entrega, en lugar de volver a ponerlo todo sobre la mesa de nuevo.
'Joker: Folie à Deux' se resiente de algunas decisiones arriesgadas, incluso cuestionables, que ensucian lo que tenía todo para ser otro gran éxito, y que, tristemente, cae en taquilla tras un aluvión de críticas negativas inevitables. Sin embargo, una mente abierta es clave para comprender y disfrutar esta compleja propuesta, donde la psicología del personaje se convierte en el verdadero motor de la trama.
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'That’s Entertainment' se repite una y otra vez a lo largo de sus dos horas de duración, subrayando el mensaje central de esta 'Locura de dos': una crítica feroz y sutil a una sociedad que busca entretenerse a costa del sufrimiento ajeno. La película rompe con los esquemas que los fans que esperaban un Joker más cercano al villano caótico y explosivo que desafía al Caballero Oscuro tenían en mente. Ya no vemos a ese villano icónico de antaño, sino una pobre criatura que vuelve a caer en el barranco de un sistema que da la espalda al enfermo, de uno que los utiliza como entretenimiento gratuito, uno que es incapaz de percibir sus verdaderas necesidades. Este Arthur es víctima, una vez más, de una sociedad que gira la cara ante el sufrimiento de los más vulnerables, siendo especialmente simbólico esta partitura del maltrato psicológico.
Arthur es eso, un miserable que, desde el principio, estaba destinado a un final desolador, uno que vuelve a hurgar en sus heridas abiertas, sin esperanza de redención.
Si lo que buscabas encontrar en esta secuela era un filme lleno de explosiones, caos y color provocados por una anarquía incendiaria como aquella que cerró la primera entrega, lamento decirte que la salud mental no es entretenimiento.





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